octubre - 7 - 2011 0 Comentarios Categorias: Arte y Psiquatria

E n esta sección se verán algunos aspectos del reflejo de las emociones o de la personalidad de grandes artistas, ya que es difícil ocultar la proyección de los estados de ánimo en una obra o en la vida diaria, muchas grandes obras se han realizado en estados de ánimo de depresión o manía, otras, obsecionados buscando la perfección hasta en el más mínimo detalle o en los estados de calma y tranquilidad.

En esta ocación presentaré a uno de los pintores mas grandemente conocido, que llegó a vender un solo cuadro, y que hoy se cotizan en muchos millones cualquiera de sus obras, se trata del holandes VINCENT VAN GOGH (1853-1890).

Primera parte.

Esquizofrenia, epilepsia, enfermedad maníaco-depresiva (hoy conocida por trastorno bipolar). Estos son los presuntos diagnósticos que los médicos de la época y otros más modernos hicieron sobre la enfermedad de VAN GOGH.

Obviamente, la medicina de su época no pudo hacer demasiado para aliviar sus sufrimietos y que a pesar de todo mantuvo cierta lucidez contradictoria, no solo respecto a su pintura sino sobre su propia enfermedad.

Existe en una colección de cientos de cartas el testimonio de su dolor y su angustia que intercambió con Theo, su hermano menor.

VINCENT WILLEM VAN GOGH nació el 30 de Marzo de 1853, en Groot Zundert, pueblo cerca de la frontera belga, en una familia religiosamente muy estricta.

Sus primeros pasos en la vida no son muy significativos, Fue empleado de una galería de arte en La Haya, luego a una sucursal en Bruselas y después a una en Londres. Fué considerado ineficiente.

Tampoco le va bien en sus primeros avances amorosos, en Londres en 1873, Vincent de 20 años es rechazado por Eugenie Loyer de 19, la hija de Ursula Loyer, donde él se hospedaba, pues ya estaba comprometida con otro, esta frustración de su primer amor lo sume en una profunda depresión, volviendo su caracter de aquí en adelante melancólico, irascible y desequilibrado. Como contrapeso comienza a leer la biblia en forma obsesiva.

Las actitudes de Vincent, hacen que la madre de Eugenie le pide que se marche de la casa, y asi lo hace, pero poniendolas a ámbas en situaciones embarazosas, pués este se pasea frente a la casa frecuentemente con tal de ver a la jóven, hasta que la ve salir vestida de blanco a su boda.

Aqui, algunos se preguntan si Eugenie lo hubiera aceptado, él como empleado posiblemente habría ascendido en su puesto de trabajo y llegado a ser un merchante de arte como su hermano Theo, y tal vez solo hubiesen algunos dibujos y se habria perdido al pintor para la humanidad, ya que para Vincent en ese momento no pensaba en la pintura como vocación.

Entra en en la religión como pastor de una iglesia en una zona minera con un profundo y enfermizo espíritu religioso, después renuncia y vagabundea viviendo de la caridad. De esa época son algúnos dibujos de cierto valor, y el comienzo de la ayuda económica de su hermano Theo.

En 1881, Vincent de 28 años, trata de arreglar una relación con su prima Cornelia Adriana Van-Stricker (Kee) de 35, viuda de poco más de un año, y que también lo desdeña. Tomando la postura de “Ella o ninguna”, su creciente enfermedad mental se hace de manifiesto cuando coloca su mano sobre el fuego de una lámpara y asegura que la retirará hasta que su prima lo acepte. Por esos desvarios su familia lo manda con su primo Anton Mauve, pintor con cierto renombre y que lo alienta a que se dedique a la pintura.

Por su gran inestabilidad abandona a su primo. Finalmente se une a Clasina Marie Hoornik, una prostituta embarazada enferma de sifilis con quien tiene un turbio romance que dura año y medio. Tras esa ruptura Theo lo interna en un hospicio, la enfermedad se ha desencadenado totalmente y su hermano teme por su vida.

Vuelve con su familia pero la repentina muerte de su padre lo hace caer en una nueva crisis depresiva.

La cronología de sus crisis, sus estados de lucidéz y sus nuevas recaidas es abrumadoa, repetitiva y creciente. Su obsesión por las cuestiones económicas se acrecienta semana a semana, lo mismo que su producción píctorica que por tiempos llega a ser de hasta una obra diaria.

Al parecer, ser sostenido economicamente por su hermano le preocupa sobremanera ya que toda su corespondencia esta llena de discursos sobre los negocios que podrían hacer con sus pinturas, eso porque su hermano se ha convertido en su protector, amigo, confesor , ha veces como su padre y comerciante de su arte. Ejemplo de esas cartas dice: “Hoy, 17, recibí tus cincuenta francos. Pagaré primero los cinco francos al dueño del café, más diez consumiciones tomadas al fiado la última semana, que dá 7.50 fr. Debo pagar aún la ropa blanca del hospital y reparaciones de zapatos y de un pantalón. Todo esto no debe sumar no ménos de 5 fr. Madera y carbon de diciembre y lo que me queda por comprar, alrededor de 4 fr. Criada: segunda quincena de enero, total 26.50 fr. Mañana, cuando haya pagado todo ésto, me quedará 23.50 fr. Me pregunto cuanto podré gastar por día. Tengo que agregar también los 30 francos que le enviaste a Roulin (su vecino), con los que ha pagado los 21.50 francos del alquiler de diciembre”.

En una carta más breve, arremete contra su hermano, extorcionándolo nada sutilmente con hacer un ayuno forzoso: “¿Sabes cuanto me queda para la semana entrante, y después de cuatro días de rígido ayuno? Justo 6 francos. Hoy es lunes y acabo de recibir tu carta. He comido a mediodía, pero ésta tarde será preciso que coma un trozo de pán. Y todo sigue sin novedad, sea en la casa o en los cuadros, porque no tengo por lo ménos desde hace tres semanas de donde sacar tres francos”.

La vida alienada de VAN GOGH incluye infinidad de detalles algunos dramáticos y otros muy grotescos. Uno de ellos dio orígen a una larga discusión entre artistas de la época, biógrafos e investigadores, fue su apasionante relación con Gauguin, donde algunos autores han querido ver un lazo equívoco nunca manifiesto.

En 1888, Vincent, intentanto alejarse de la crónica depresion que le causaban las grandes ciudades, especialmente Paris, a la que odiaba, se retira a trabajar en Arles, una pequeña ciudad en la que los expertos consideran fué su mejor producción, donde decide seguir el movimiento impresionista del momento.

Desde su casa amarilla que rentó y convirtió en taller, invita a Gauguin para fundar un taller donde pudiesen ir a trabajar otros pintores. Con cierta duda Gauguin acepta, pensando en separarse de Paris teniendo en mente su viaje a las islas del Pacífico, se establece en la casa amarilla y su producción es de mucho éxito. Entonces es cuando la enfermedad de Vincent se manifiesta más crudamente. La única versión fidedigna de los hechos es la del propio Gauguin, a quién se le confiere mucha credibilidad: “En los últimos tiempos de mi estancia, Vincent se volvió exajeradamente brusco y ruidoso, después silencioso. Una noche lo sorprendí levantado, aproximandose a mi cama, fué suficiente decirle con mucha gravedad, ¿Que tienes Vincent?, para que sin respoder nada, se volviera a su cama para dormir con su sueño de plomo. Cuando despertó, muy calmado, me dijo: “Mi querido Gauguin, tengo un vago recuerdo de que te ofendí anoche”. Le conteste: “Te perdono de buena gana y de todo corazón, pero la escena de anoche podría repetirse y si yo fuera golpeado podría no ser dueño de mi y estrangularte, permíteme escribirle a tu hermano de mi regreso. Llegada la noche habia yo preparado mi comida y seníi la necesidad de salir solo a tomar aire por los senderos de laureles en flor. Habia ya cruzado la plaza Victor Hugo cuado oí detrás de mi, un pasito bien conocido, rápido y agitado, me volví en el mismo momento en que Vincent se precipitaba sobre mi con una navaja de afeitar abierta en la mano. Mi mirada debió ser muy poderosa en ese instante, porque Vincent se detuvo y bajando la cabeza emprendió el regreso a casa corriendo. De una vez fuí a un buen hotel en Arles, donde después de preguntar la hora tomé una habitación y me acosté. Muy agotado, no pude dormirme hasta las tres de la mañana y me desperté bastante tarde, hacia las siete y media. Al llegar a la plaza vi un gran gentío, cerca de nuestra casa había policias y un señor con sombrero de hongo, el comisario de policia

He aqui lo que habia pasado: Van Gogh volvió a la casa (después del incidente de la navaja) e imediaamente se cortó la oreja a ras de la cabeza. Debió tomarle bastante tiempo detener la hemorragia, pués al día siguiente había numerosas toallas mojadas sobre las losas de las dos habitaciones de abajo, y la sangre habia ensuciado los cuartos y la escalerita que conducía a nuestro dormitorio.

Cuando estuvo en condiciones de salir, con la cabeza cubierta con una boina vasca completamete encasquetada, fué directamente a una casa en la que, a falta de paisana, siempre se encuentra una conocida (una casa de tolerancia), y dió al encargado su oreja bien lavada y encerrada en un sobre. “he aqui-le dijo- un recuerdo mío”, después regresó a casa , se acostó y se durmió.

Otra versión de éste acceso impulsivo de autoagreción, un poco diferente, fué publicada esa misma semana en “L’Echo Pontoisien”, un periódico local:
“El domingo último, a las 11 y media de la noche, Vincent Van Gogh, pintor, originario de Holanda, se presentó a la casa de tolerancia numero uno, preguntó por una tal Rachel y le entregó…su oreja, diciéndole “Guarde usted este objeto cuidadosamente”. Luego escapó. Informada de éste hecho que no puede ser sino el de un pobre loco, la policia ubicó a este individuo la mañana siguiente acostado en su lecho, casi sin dar signos de vida. El desdichado fue ingresado de urgencia en el hospicio”.

(continuara)

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