diciembre - 22 - 2011 0 Comentarios Categorias: Arte y Psiquatria, Sin categoría

 

Más victima que “superproducto comehombres”, la conducta de Marilyn Monroe a sus treinta años de edad permite observar cierta verdad entre el abigarramiento de ambigüedades que genera su mito. En lujoso automóvil convertible, ataviada con extravagante sombrero pero incitando a ser descubierta tras unas gafas oscuras, satisfacía su placer favorito de pasear bebiendo  champan, Y decía a sus amigos: ” Véanme,  no soy ninguna niña huérfana ni abandonada !”

Abandonada había sido por su padre que no conoció y por la madre que fue internada en un hospital de enfermos mentales. Hija a su vez de alienados, de ella no conservaba Marilyn sino el recuerdo de “la mujer pelirroja”, que a cada tanto reaparecía para dejarle en custodia con gente ellegada al medio cinematográfico; casi siempre tramoyistas como ella. Se produjo su primer abandono ántes de cumplir los cuatro años.

Norma Jean Baker nació en 1926.  Baker no era su apellido paterno, sino del primer marido de su madre.  A principios de 1980 murió en Los Angeles un septuagenario carpintero apellidado Mortenson. Un amigo de él revelo que ese era su padre y que  escribió una carta a Marylin cuando ya era famosa y nunca recibió respuesta. En alguna ocasión ella mencionó que era hija de un tal Mortenson, que por el oficio de carpintero pudo muy bien conocer a su madre.

Tramoyista de la RKO, su madre la dejó por primera vez con una familia de extremosos escrúpulos religiosos que a la menor falta la castigaba a correazos. Regresó por ella cuando tenía siete años de edad para vivir solas en le campo por tres meses. Pero seguramente debido a una recaída nerviosa debió dejarla en Hollywood con una familia de actores ingleses.

Gente alegre que trabajaba duro cuando eran llamadas, pero que después se entregaban a un ocio ruidoso humedecido de alcohol, lo que movía a la piadosa niña a rezar por la salvación de sus almas.

Despreocupados, los actores  la enviaban al cine sin más recomendaciones que de regresar ántes del anochecer.

Tras pagar los 10 centavos de su medio boleto, Marilyn veía una y otra vez las películas hasta nutrir un culto de por vida por Jean Harlow. En cuanto a galanes, prefería a Clark Gable, a quien soñaba como si fuera su padre. En sus sueños nunca vió a la “mujer pelirroja”.

Al terminarse el dinero que había dejado su madre a los actores ingleses, pasó a vivir con la familia de un camarógrafo, viviendo solo tres meses. Este individuo la internó en un orfelinato del municipio de Los Angeles, y a partir de ahi pagó su manutención pues esta familia no se volvió a aparecer.

No soy huérfana !  Yo tengo mamá!  repetía en el orfelinato, donde entró cuando tenía ocho años. Ocupó la última cama de las 27 del dormitorio. Por méritos podían recorrer las camas hasta llegar a la número uno, para luego pasar a otro dormitorio de ménos camas.

Aplicada en estudios y trabajos, Marilyn ganaba cinco centavos al mes por tareas en la cocina. Se levantaba a las seis de la mañana y en alguna ocación le tocó lavar los cubiertos de los cien internados. Resentida por el trato de las celadoras, parece que llegó a destacarse tanto por su buena disposición como por su temprana belleza. La directora la invitaba a su habitación, donde la dejaba jugar con su perro. “Tienes la piel muy bonita”, le dijo al ponerle polvo por primera vez en la vida.

Tras un intento de fuga sufrió cierta tartamudez que reaparecería en sus años de gloria, durante situaciones problemáticas del rodaje. Estudió secundaria de los 13 a los 15 años, pero lo que más le molestaba del orfelinato era que al salir los otros niños las señalaban gritando:  ” Miren a los huérfanos ! ”

Excelente en gimnasia y deportes, le gustaban las materias de música e inglés  pero detestaba las matemáticas. Muy alta a los once años, creían que tenía catorce. Fue delgada en exceso hasta los once, en los que empezó a embarnecer, en esa edad ya tenía la misma estatura de la madurez: 1.63 metros.

Sin concluir secundaria, el municipio de Los Angeles le señaló como tutora a Grace McKee, tramoyista de la Columbia Pictures, conocida de su madre. De un almacén de expósitos, recibía la hermosa quinceañera vestidos de tela parecidas al costal y tenis.

Muy dócil y amable con las personas mayores, era llamada “el ratón” por los chicos, pero cuando tomaba la iniciativa de inventar juegos les sugería jugar al divorcio o al crimen. Jamás protestaba a la hora de ir a dormir, más bien de ella salía sugerirlo. Y es que le gustaba la soledad de su cuarto, donde representaba a todos los personajes de su última película que habia visto, incluyendo a los masculinos.

Pero Grace McKee tuvo que irse a vivir a Virginia y la dejó con la última familia de las once con quienes decía Marilyn haber vivido de chica. Fue la tía Ana- llamo “tía” a mucha jente- pariente de McKee, una mujer bondadosa de 60 años que la quería y comprendía. Se esmeraba en ponerla bonita y la halagaba por lo bien que cantaba, pues Marilyn lo hacía a toda hora mientras se ocupaba del quehacer de la casa.

A la espléndida belleza que era ya a los 16 años hizo surgir un pretendiente apellidado Dougherty, que la desposó y la mantuvo con su sueldo de obrero de una fábrica y más tarde, al sobrevenir la movilización de la segunda guerra mundial, con el dinero que le enviaba el gobierno por ser él marino mercante. El año de 1940 fue el de su primer matrimonio.

Se divorció de Dougherty cuatro años después, había vivido sola mientras trabajaba en una fábrica de paracaídas aplicando el barniz. Ahi destacó por su manera de hacer bien las cosas: recibió un diploma y 25 dólares de premio. Pero la envidia de sus compañeras le trajo problemas.

Un día la llamaron para posar en unas fotografías de propaganda para la Fuerza Aérea. El fotógrafo le recomendó que se dedicara a modelo, le dijo que ganaría cinco dólares por hora. Esto le pareció una fortuna, ya que por diez horas diarias ganaba 20 por semana. No le pareció mala la idea, con tanto como le gustaba ir al cine, por lo que empezó a tomar clases de arte dramático a diez dólares la hora.

Pero desistió de sus planes tras las primeras experiencias con gente del cine. Algunos hombres le decían en la calle “Pero que hace usted aqui?…Debería estar haciendo peliculas ………” Entonces surgió uno que la citó en los estudios, un sábado, a solas. Era la trampa de siempre, pues intentó desnudarla, por lo que ella huyó diciendose que nunca sería actriz. Pero continuó de modelo, vivía en una casa de huéspedes ya que no podía pagar un hotel por caro. Pero sucedió que en un mes apareció en la portada de cinco revistas y la Fox la citó.  Varias horas estuvo esperando en una larga fila de aspirantes, hasta que apareció el productor Ben Lyon, que sin más se dirigió a ella.

Amable y entusiasta, él le dijo por principio de cuentas como si sellara su pasado y futuro: “Es usted la primera actriz que descubro desde Jean Harlow…”  Pero tras firmar el contrato de un año, estuvo como muchas, sin recibir un solo llamado para filmar.

Ben Lyon no dejaba de darle confianza. Fue él quien le dió su nombre de guerra: Marilyn por Marilyn Miller, estrella de teatro musical de Broadway, y Monroe por el apellido de su madre que ella insistió en usar. Finalmente la incluyeron en una película, pero fue despedida cuando rechazó los avances de un gerente.

Sin dinero de nuevo, se traslada a vivir al Hollywood Studio Club, especie de pensión sindical en donde por lo ménos recibía desayuno y comida. Pero ni para pagar esa modesta pensión le alcanzaba. Trató de trabajar en una fuente de soda pero no fue admitida porque no había terminado la secundaria.

Fue en ese momento, por hambre, como nunca se negó a confesarlo, que aceptó posar desnuda para un calendario. Se lo habia propuesto el fotógrafo Tom Kelly, quien le pagó 50 dólares cuando ella debía cuatro semanas en la pensión sindical. Aceptó Marilyn a condición de que fuera de noche, cuando los asistentes del fotógrafo se hubiesen retirado, y en presencia de la esposa de Kelly. Y como en los cuentos de hadas, luego de aparecer en el calendario como Miss Golden Dreams (Señorita Sueños Dorados) la fama se encargó de transformar por completo su vida.

Contratada de nuevo, al salir de los estudios asistía a clases nocturnas a la Universidad de Los Angeles, donde estudiaba historia y literatura. Pero los muchachos se asomaban al aula para verla, por lo que supo la maestra que la reconocían porque salía en las películas. “Y yo que la tenía por una joven recién salida del convento!” exclamo la maestra;  lo que para Marilyn fue el mejor elogio que habia escuchado en su vida.

Pero apenas triunfó, Marilyn hizo fama de impuntual, lo que le acarreaba muchos problemas. Aunque al principio se tiraba de los cabellos, el director George Cukor terminó por rendirse y aceptó sus retrasos para que estubiera más fresca. Pero ella procedía asi de acuerdo a su afán perfeccionista. ” En nuestra época, decía, nos atropellamos mucho los unos a los otros, por eso las personas son tan nerviosas y desgraciadas ante la vida y ante ellas mismas. Como realizar con perfección cualquier cosa en estas condiciones? La perfección exige tiempo”.

Más que importante era esto para su estado de ánimo: “Cuando me acontece trinfar en cosas relativas a mi trabajo tengo la impresión de alcanzar la cumbre de la dicha. Pero no son más que escasos momentos, porque en general nunca estoy tan feliz. Creo que mi melancolía deriva que me gustaría ser maravillosa. Yo sé que esto hace reír algunos, pero es cierto”.

Triunfó y complicaciones existenciales se enredaron en el mismo nudo gordiano. Cargaba sus baterías emocionales leyendo Carta a un joven poeta, de Rainier Maria Rilke, libro sin el cual, decía, se hubiera vuelto loca. ” Cuando un artista busca la verdad al precio que sea tiene la sensación de rayar en la locura”  era una idea que encajaba con su misterio personal.

Pero a su maestro de arte dramático, el famoso Lee Strasberg, le parecía autodestructivo su neurótico perfeccionismo.    “Por qué te detestas a ti misma?….. Después de todo no eres más que un ser humano”… le decía.Pero ella insistía en su religión del trabajo . “El amor y el trabajo son las dos únicas cosas autenticas que nos dan en la vida. En cierto sentido, el mismo trabajo ya es una forma de amor”

Creyó encontrar el amor en el exbeisbolista Joe Di Maggio, pero el éxtasis duró solo nueve meses. Hijo de inmigrantes italianos que había sufrido hambre en su infancia, Di Maggio fue, tras separarse, un amigo sincero, de los que tuvo muy pocos por cierto. “Amó mucho a la gente. Pero como amigos amó a muy pocos”, confesó en su ultima etapa.

Ya que quiza no el amor, por lo ménos encotró la tranquilidad que llegó en la huesuda persona del dramaturgo Arthur Miller.  Le había sido simpático poque al conocerla en 1951, le sugirió que hiciera teatro. Víctima frecuente de las opiniones que despertaba su personaje de rubia sin seso de las películas, recordaba Marilyn que en esa ocación quienes escuchaban se hecharon a reír. Pero Miller era sincero. volverían a encontrarse cuatro años más tarde para casarse.

Amante insaciable de la música, le gustaba sobre todo Bach y Vivaldi. También el buen jazz. Como cocinera tenía fama por sus postres, en los que siempre inventaba. Entusiasta del ajo, a los demás les parecía que ponía demasiado en sus guisos. El spaghetti también le quedaba estupendo. Entre sus amigos le gustaba lavar la vajilla y se enorgullecía de la tansparencia  perfecta !! de los vasos, reminiscencias de sus satisfacciones del orfelinato.

Pero ella , que halló el mundo tan complicado tuvo siempre como problema a la gente. ” Lo que me fastidia son los que se aburren. Amo a la gente, pero a veces me pregunto si soy realmente sociable. La soledad no me pesa. Es un descanso, yo diría que incluso me gusta. Permite tomar posesión de una misma y refrescarse”

Mañoso, Arthur Miller se deslizó hacia su huraño corazón al darle una lista de libros para leer. Marilyn se identificaba con los atormentados personajes de Dostoievsky, delirantes buscando un sentido a la vida. Pero a Miller le emocionaba la disposición poética de su ánimo, su sensibilidad siempre ávida: “Lo extraordinario en ella es que da la impresión de que esta frente a todas las cosas por primera vez. Es un don maravilloso, pero también una fuente de sufrimiento. En general, la gente se llena de tedio para protegerse de la fatiga que significa renovar sus puntos de vista. Ella no. Jamás se aburre o cede a la rutina”.

La definió el actor francés Yves Montand, tras conocerla en la filmación de El multimillonario, como “una gran belleza lozana, casi campesina, empeñada en ser una gran actriz, pero a sabiendas de que no lo lograría por su pésima voz”. Esto la mantenía atormentada. Por lo demás….”era un personaje normal, si es que los hay. Yo diría que de los más normales. Era una persona llena de vida”

Tambiem buscaba Marilyn respuesta a sus insistentes interrogantes en la poesía. Escribía poemas que entregaba a poetas como Norman Rosten, neoyorquino, uno de sus pocos y verdaderos amigos. Marilyn acababa de lograr un enorme éxito con Siete años de comezón cuando Rosten la llevó a un vaile de disfraces, donde ella llegó sin disfraz, “Soy Marilyn Monroe” dijo timidamente, pero nadie creyó que era cierto.

Hacia 1955 ya cambiaba de psiquiátra en una cuantas semanas, en su mutable estado de ánimo de neurótica, en ocasiones temía paranoicamente al público que la admiraba. “Son a veces tan emotivos”, decía. “Quiero decir que si ellos te aman tanto sin conocerte, también te pueden odiar de la misma manera”.

En un fin de semana que Rosten y su esposa Hedda la llevaron a Long Island se arrojó al mar para huir de un montón de muchachos que materialmente le cayeron encima. Rosten nadó a su lado viendo su miedo, y cuando estaba fatigadisima le oyó decir: “sigue tu, déjame morir…” De no haber sido por una lancha se ahogan los dos.

Con los nervios a flor de piel, como buena traumatizada que era, se negó a hacer un comercial sobre portabustos porque ya no tenía el hambre de los años en que posó desnuda. Pero entre sus especiales deleites estaba salir sin ropa interior. Segun Rosten, su biógrafo, era una seductora, amaba su papel como representante del sexo. Le divertía y halagaba que la desearan. Comprendía el síndrome carnal del macho y nunca criticó a ninguno por hacerse notar por ella. Los hombres la asediaban. La llamaban por teléfono para decirle obsenidades, recibía cartas con proposiciones sexuales supeditadas a amenazas de muerte. Exaltada asimismo en cuanto al sentido del humor, incurría en excesos como bajar una crema batida con el aire del secador para el pelo.

La noticia de su matrimonio con Arthur Miller surgió en circunstancias extrañas. Estaba él declarando ante el comité del senado que lo acusaba de inclinaciones marxistas, cuando explicó que iría a Inglaterra para acompañarla, ya que para entonces serían marido y mujer. Para confirmar la noticia hubo periodistas que subieron por la enredadera que llegaba hasta su ventana.

Miller estaba sinceramente enamorado y Marilyn lució más alegre y feliz que nunca porque sentía en él un sostén, un mástil entre la tempestad emocional, en aquel hombre brillante y sensato. Pero la batahola que armaban representantes, consejeros, secretarios, periodistas, productores y cuantos podían escandalizar alrededor acabó con la paciencia de Miller, que resistio más de la cuenta.

Ya pasados los 30 años de edad, Marilyn se desvivía por ser madre. En el aborto que sufrio en Nueva York sin duda influyeron los muchos tranquilizantes que tomaba. Nueve meses más tarde experimento intensos dolores en el seno, que no resistía ni el rose del sostén, por un nuevo embarazo. Exitada, temía histericamente haber matado al embrión con una cuádruple dósis de somníferos que inguiriera para dormir por el mismo nerviosismo. Pero resultó ser un embarazo fantasma !!

Con un psiquiátra tras otro, la frustrada maternidad la llevó a un primer intento de suicidio en 1958. Después del lavado estomacal se lamentó de haber fallado. No era ya dueña de sus nervios y en su profundo dolor veía la maldad en toda la gente.

Aun a sabiendas que la iba a matar, Arthur Miller se decidió a divorciarse en 1960. Con el pretexto de recoger unas cosas en la casa de Connecticut en que habían vivido, ella fue al parecer con el propósito de reconciliarse, pero él se ausentó de la casa. Y la psicosis completa resultó de tal hecho.

En crisis, deprimida, lejana, no contestaba ni el teléfono ni a sus mejores amigos. En tales condiciones fue internada en la clínica Payne-Whitman de Nueva York, engañada con el pretexto de que iría a un lugar de descanso. Pero apenas advirtió que era un hospital de  enfermos mentales estalló brutalmente. Rompió una puerta con una silla. Llamó a Joe Di Maggio, qien llegó hecho una furia y la llevó al Columbia Presbytherian Hospital donde aceptó quedarse.

Ahi la visitó Norman Rosten, cuando pálida de muerte, una enfermera le secaba al sudor de la frente….Pero aun tuvo energia para el retorno. La habia herido el rumor de estaba acabada.

Febril y contenta instaló una casa estilo mexicano en California a principio del 1962. La trataba el doctor Ira Greenson, en cuya familia era estimada por sus largas y frecuentes visitas. Marilyn se esforzaba y parecía decir al psiquiátra con todos sus actos: ” Hago todo lo posible por avanzar doctor”.

Greenson opinaba que no era una paciente analítica, sino que necesitaba además una terapia de apoyo que recibía a travez del trato con su familia. “Descubrí que necesitaba una experiencia que supliese la deficiencia afectiva que desde su infancia viene sufriendo. Si tengo suerte puede que en pocos años Marilyn pueda hacer ella misma su propio analisis”.

Comenzó hacerlo, pero el tiempo faltó. Añoraba el eventual equilibrio que hubiera tenido con un matrimonio estable. “Cuando me casé con Joe no estaba segura de saber por qué. Pensé saberlo al casarme con el siguiente, pero tanpoco fue así. Lástima porque los dos tenían sus buenas cualidades”.

En nuevas crisis volvió hacer sus travesuras. Novió fugazmente con Frank Sinatra, que acabó furioso porque siempre lo hacía esperar horas enteras. El doctor Greenson recordaba que al primer retrazo con él, le dijo que llegaba tarde porque asi demostraba que le era antipático. Pero Marilyn dijo que esto no era cierto y jamás llego con retrazo.

La muerte de Clark Gable le afectó más de la cuenta. Seguía en la decoración de la casa con figura de loca completa. Hablaba sin órden, temía estar sola. Pálida, el rostro con mueca de insufrible dolor.  Así mostró superficial entusiasmo para ir a cantarle el Happy Birthday a John F. Kennedy en el Madison Square Garden el 21 de Mayo de 1962.

Luego hubo chismes en torno que era novia de Robert Kennedy, quien en un banquete había tenido a sus lados a ella y a Kim Novak, pero como si esta ultima no hubiera existido. Y sus noches ya eran verdaderas cenas de somníferos, por lo que no tuvo fuerzas para ir a la filmación de su ultima película, inconclusa, Alguien tiene que ceder, especie de predicción funeraria.

Interrumpió sus vacaciones en Europa el doctor Greenson para regresar “a ponerla en forma en una semana”, pues la Fox estaba perdiendo millones. Finalmente Marilyn se presentó a trabajar, pero al abandonar la locación como una sonámbula la compañía le rescindió el contrato en junio. Pero la hirió en demasía el reproche de los técnicos porque a causa de ella habían perdido su trabajo.

Escribió a sus amigos en Nueva York con falso entusiasmo. “Ya es hora de vivir. Vivamos ántes de comenzar a envejecer”. Opina el cineasta francés Andre  Cluzot que el lema de su vida inestable debió ser una frase de su personaje Elsie Marina de El príncipe y la bailarina: “Yo no he crecido jamás…..de hecho nunca he querido crecer”.

La sobredósis final de somníferos que determinó hallarla muerta la mañana del domingo 6 de agosto de 1962 apuntó hacia el tema de uno de sus poemas, cuyo final dice asi: “No llores más mi muñeca/ no llores/ te tomaré en mis brazos para mecerte/ calla, calla, yo ya no doy la impresion de ser tu madre que murió. Socorro/Socorro!!/ Venid en mi ayuda!!/ Siento que la vida se me acerca/ cuando lo unico que deseo es morir”.

 

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Medico de profesion, especialista en Psiquiatria, que comienzo a pintar en oleo cuando hacia una parte de mi especialidad en el Hospital Nacional Psiquiatrico en El Salvador...

 

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